Pedanías

La Sierra Norte de Guadalajara está lleno de rincones, pueblos espectaculares, historia, lugares, fiestas, eventos,… que te invitamos a descubir.

Durante la Edad Media, conforme avanzaba la Reconquista y se iba repoblando el territorio, el país se fue organizando en Señoríos, con una villa que actuaba de capital y agrupaba las aldeas de su entorno. A partir del siglo XV algunos lugares conseguían la independencia y el estatus de villa, normalmente previo pago.

 

La desaparición de los Señoríos (año 1.834) supuso “de facto” que todos los lugares se convirtieran  en municipios. Algunos no tenían recursos ni población para mantener ese estatus. Con el Censo de 1.857 se realizó una re-ordenación de los términos municipales, con agregación de unos municipios a otros, de los que pasaron a depender (Pedanías).

 

Este proceso tuvo especial incidencia en la Sierra Norte de Guadalajara, donde abundaban Comunes y Señoríos, afectando a más de 30 lugares. Aunque hubo ajustes tras la guerra (in)civil, la gran re-ordenación de municipios se realizó tras el proceso de despoblación masiva  (la comarca perdió el 90% de sus habitantes) que duró 2 décadas 1.960-80.

 

En algunos casos primaron más otros intereses que los históricos, demográficos, organizativos y/o de eficacia.

 

A modo de ejemplo la capital eclesiástica de la provincia, Sigüenza, pasó a tener 29 pedanías, Así la Sierra Norte de Guadalajara quedó configurada con 79 pueblos y 85 pedanías, para una población de 12.000 habitantes en un territorio que supera los 3.000 kms2.

La guerra (in)civil, que tuvo su frente el  río Sorbe, destruyó totalmente este lugar. La Dirección General de Regiones Devastadas lo rehabilitó (caso único en Guadalajara), construyendo en los años 40 una calle de casas adosadas e iguales. De acuerdo con los cánones de la época, la pared medianera es muro de carga de ambas; su caída supone el derrumbe de la mitad de la pedanía.

 

De su época anterior se conserva la portada renacentista  de la iglesia (XVI), de la solo quedan en pie muros y dos arcos, cocederos y bodegas bajo ruinas de casas,  la fuente y la ermita de San Roque, habilitada como iglesia. En la carretera de Beleña, excavado en la roca una especie de búnquer y a 2 kms La Romerosa, pueblo abandonado.

 

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Esta pequeño lugar, próximo a Valverde de los Arroyos (apenas 30`a pie en una preciosa ruta) del que depende, respira tranquilidad toda la semana, como contrapunto al bullicio de su vecino. Conocida siempre como Zarzuelilla, pasó a llamarse Zarzuela de Galve a partir de 1.916 para distinguirlas de otros lugares.

 

Su casco urbano, negro de pizarra y caliza, muestra una belleza sencilla y austera fruto de una cuidadosa restauración no desentona con el entorno. La iglesia, la escuela, el horno, la fragua, calles y casas no deslumbran … pero forman un conjunto muy armonioso. Manzanos y castaños rodean el lugar, como si fuera un jardín (así se percibe desde la lejanía). En otoño celebra su fiesta “Toma castaña”  merece una visita.

 

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Desde las alturas, su casco urbano, parece dividido en dos: arriba edificios de caliza y teja árabe (corrales y casas tradicionales como corresponde a un pueblo ganadero), abajo predominan los blancos de nuevas construcciones. La iglesia ( junto al cementerio, del siglo XVI y muy restaurada), no es su centro; este lugar lo ocupan el frontón y  la plaza nueva. La fuente medieval del Pocito, de las más antiguas de la Sierra Norte, y una cincuentena de bodegas excavadas en la roca de la ladera sur lo completan.

 

Por aquí pasa el GR10, que encuentra al arroyo Reduvia, con molino de balsa y acacias, que muere en el rio Lozoya, limite del término y donde están las presas de Navarejos y La Parra. (GR88). Pinos centenarios y cipreses pueblan sus bosques, con rutas de senderismo muy gratificantes (ruta de los cipreses y de las cárcavas).

 

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La construcción del pantano de Beleña (que cubrió camino, tierra de cultivo y cuevas prehistóricas),  la repoblación con pinos y la despoblación de los años 60, lo llevaron al borde del abandono. Ubicado en un ensanche protegido del valle del Sorbe, en los cerros que lo rodean  hubo asentamientos celtibéricos (el Morro y el Castro), además de trincheras de la guerra (in)civil que aún son visibles.

 

Su casco urbano conserva sabor a pueblo, con mezcla de materiales de la zona (caliza, pizarra, arenisca  conglomerado,y adobe). La iglesia del siglo XVIII, sencilla pero armoniosa, la almazara (en restauración), la fuente, olivos y huertos en el centro del lugar, una poza para el baño y unas vistas excepcionales sobre el Sorbe… son sus encantos.

 

Bonitas rutas de senderismo, además del GR10, llevan a la ermita de Peñamira y al Pozo de los Ramos.

 

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Visto desde Campillejo, su imagen de pueblo negro auténtico apenas se distingue del paisaje con el que se funde. En la entrada, el lavadero comunal de pizarra y la fuente impresionan. De aquí salen bonitas excursiones a las cascadas del Ajibe, Roblelacasa y Campillo de Ranas.

 

El casco urbano, reconstruido con gusto, conserva el sabor en calles (enlosadas de pizarra), campo de bolos, casas y casillos (corrales), incluso la iglesia, rústica y encalada.  Sorprende la cruz blanca que adorna los muros de algunas casas.  Unos dicen que para protegerlas de los malos espíritus y otros que para reafirmar a sus propietarios como castellanos viejos (que no judíos conversos).

 

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Hace un par de años, Fraguas saltó a la actualidad al ser ocupado por jóvenes que, con el apoyo de  antiguos habitantes, pretendían vivir de acuerdo con el medio natural, recuperando casas y cultivos tradicionales. En 2.018 han sido condenados 6 personas … y el lugar, ya que debe derruirse lo reconstruido, lo que ha levantado una fuerte polémica y una ola de solidaridad.

 

Escondido entre pinos (ICONA lo expropió en los setenta y lo prestó al Ministerio de Defensa para prácticas militares), el lugar era un montón de ruinas ocultas por una exuberante vegetación. Del trazado original eran reconocibles la calle principal, la iglesia con arco de medio punto, la plaza mayor con fuente y lavadero, muros de caliza y tapial, el cementerio … y poco más. Hoy el aspecto de Fraguas ha cambiado y se siente la vida en sus calles.

 

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Nos han contado que los repobladores de Fraguas eran “perroflautas, urbanitas aburridos hijos de papa” que estaban cometiendo un delito  Uno de ellos, Isaac, aporta datos interesantes en “La Plazuela” de julio.

abandonado, agua potable, bien comunicado,  ladera sur, terreno cultivable, titularidad publica, apoyo de sus antiguos pobladores, dentro de un P.N, …

  • El objetivo era liberar un espacio
  • En el año 2.013 se presentó un proyecto de de rehabilitación integral de Fraguas en la Junta de Castilla La Mancha (gobernaba Cospedal), cuya respuesta fue NO. A pesar de ello decidieron ocupar, convencidos de que con los resultados llegaría la autorización.
  • Es cierto que la ley del P.N. no permite construir, pero si restaurar las casas existentes y con materiales de la zona, como se ha hecho. La cuestión está en que hace años, al estar abandonado, el casco urbano de Fraguas fue declarado monte; sería tan sencillo como revertir la declaración.
  • La primera noche fue el 17 mayo de 2.013. Poco a poco se fueron resolviendo problemas básicos: agua potable, la luz,… Lo más difícil fueron las relaciones humanas, establecer mecanismo de toma de decisiones y desprenderse de los modos de la sociedad jerárquica.
  • Si hay interés por luchar contra la despoblación, la Administración podría generar un marco adecuado para un proceso repoblador. Hay personas con pocos recursos y amantes de lo natural dispuestas a venir a zonas despobladas, a nada que se les proporcionen unas medidas mínimas.

Es el primer pueblo de la Arquitectura Negra que encuentra el viajero y lo sumerge en sus  esencias, …  incluso sin bajarse del coche. Solo por esto y por las espectaculares vistas sobre las Sierras de Concha y del Ocejón, y  sobre otro pueblo negro, El Espinar, merece la pena detenerse. Un paseo de apenas 30´ lo completa.

 

En el casco urbano, muy reconstruido (estuvo abandonado en algunas épocas), destacan casas tradicionales de pizarra negra (espectaculares los tejados de lajas entrelazadas) con horno adosado, los casillos de escasa altura y mucha inclinación, y la iglesia, sencilla pero muy elegante. Hay alojamientos y restaurante

 

 

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Situada a orillas del arroyo que le da nombre, Alboreca, que vierte sus aguas (cuando las lleva) al Henares y mantenía un molino, del que solo quedan ruinas y arboledas. Su pequeño casco urbano a los pies del monte, tiene el encanto propio de la arquitectura popular con tonos rojizos, casas de sillares y sillarejo esgrafiados con rejas de forja. Destaca una sencilla iglesia de inspiración románica.

 

No lejos de este lugar, en un paraje de Olmedillas donde se hallaron restos prehistóricos, están las cuevas naturales donde se rodaron  en 1.971 escenas de  Las Troyanas (otras lo fueron en Atienza), película en la que interviníeron  Katherine Hepburn, Irene Papas y Vanessa Redgrave, alcanzando gran éxito,

 

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Su castillo se levanta sobre una impresionante roca de la Sierra de Pila que domina el horizonte. Una fortaleza árabe que formaba parte de la primer linea de defensa del territorio entre las cuencas del Duero y el Tajo (Marca Media). Tras la Reconquista perteneció al Obispado de Sigüenza y siguió ejerciendo de vigía de este lugar de paso de gentes y  ganados.

 

Aunque fue destruido por los franceses en 1.811, conserva su majestuosa figura visible desde bien lejos, aunque no es visitable ya que es privado. A sus pies se extiende el casco urbano, donde destacan la plaza y la iglesia del siglo XVI.

 

 

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El casco urbano de Guijosa se extiende por la ladera del arroyo que riega el valle. Destacan la iglesia románica del siglo XIII, la plaza mayor y el impreionante castillo, construido en el siglo XIV por el D.  Iñigo López de Orozco, rehabilitado recientemente. Casas y edificios típicos de la arquitectura tradicional seguntina, con sillares, dinteles y arenisca.

 

A 9 kms, está Cubillas del Pinar, con una bella iglesia románica. Entre ambas pedanías, está el Castro celtíbérico de Castilviejo, del siglo VII a.c. situado en la cima de un cerro, Entre sus ruinas se intuyen 5 tramos de muralla y foso.

 

 

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Estas dos pedanías tienen cosas común: ambas están en a vega alta del Henares, muy próximas entre si, tienen edificios románicos (ermita en Horna e iglesia del siglo XII en Alcuñeza), … Una presume del nacimiento del Henares (Horna) y otra de molino sobre el mismo río (Alcuñeza).

 

Pero el origen de Alcuñeza es más antiguo; bien pudo ser un castro que luego usaron los romanos, ya que por aquí pasaba la calzada de Merida a Zaragoza. En medio del casco urbano, la Peña de la Torre, cuevas  naturales de gran tamaño que se siguen utilizando como almacén de aperos. Por contra, en Horna está la Torre del Reloj, cuadrada y con reloj del siglo XVIII.

 

 

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Almiruete es un jardín donde se combinan con armonía  pizarra y caliza, lo tradicional y lo nuevo, la vegetación y el agua; un arroyo cantarín  atraviesa el pueblo escondido entre la maleza. El casco urbano destila aires serranos, destacando la fuente de Carlos IV (año 1.794) y el horno comunal.

 

La iglesia románica del siglo XIII, sufrió grandes reformas en el siglo XVI (recrecimiento de la espadaña  y añadido naves laterales) y en el XIX (pórtico).A reseñar la puerta  de madera,  la pila bautismal y el suelo de barro cocido, que alberga lápidas señalizadas con caracteres griegos

 

Estuvo al borde del abandono y fue anexionado a Tamajón en 1.970, a pesar de los pleitos que mantuvieron durante 400 años por los pastos. En su término se cultivó café en el siglo XVIII. El sabinar, el cañón del Sorbe, el pico Almiruete,  la fiesta de botargas y mascaritas, su museo, convierten este lugar en una  joya.

 

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Una moneda de oro romana con inscripción  es el único dato conocido que relaciona el lugar con minas de oro en la antigüedad. En 1.876 se registró la primera mina y en poco tiempo había registradas más de  100 concesiones mineras de oro.  Se crearon Compañías “ad hoc”en Londres, París y Guadalajara así como una planta de tratamiento junto al río Sorbe, a la que llegaba el mineral por un  tendido aéreo de madera; todo se abandonó en 1.913.

 

Recientemente se han inspeccionado varias minas, siendo la mayor La Juanita, de la que se conserva  ruinas del emboque del pozo principal y las escombreras. Aunque el acceso ofrece dificultades por la maleza y los matorrales, este conjunto minero es un valor de la Sierra Norte de Guadalajara, que merece ser conocido

 

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Además de la belleza de su entorno agreste (hay bonitas rutas a Prado Cerrajo, de 1.780 mts y siguiendo el cauce del Sorbe), este lugar suma la belleza de su casco urbano que es muy representativo de la zona. El trazado y el sabor rural siguen intactos, actualizados a tiempos actuales. A modo de ejemplo, los tejados de pizarra se han vistos sustituidos por tejas negras.

 

Sin ser propiamente Arquitectura Negra (la pizarra no abunda) conserva algunos detalles como tejados, lajas entre los muros de piedra,  chimeneas, hornos redondos, algunos balcones, …que nos recuerdan pueblos negros muy reconocidos. Una visita resulta muy recomendable.

 

 

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Este rincón desconocido de la Sierra Norte de Guadalajara, salvo por un reportaje de televisión de 2.010 que lo dio a conocer como “el pueblo de los solteros”, es un paraíso para los amantes de la naturaleza. Varias rutas de senderismo, algunas sencillas (espectacular la cascada del Chorro, con un caída de 20 metros) y otras más complicadas (molino y la vieja Hiruela) recorren su término.

 

Ubicado en la vega del arroyo Cañamar, afluente del Jaramilla que fluye cerca del pueblo, el casco urbano (tejados de pizarra, casas de piedra con la planta superior de entramado de palos y barro) y su iglesia son prototipos de los pueblos de la  Serranía de El Cardoso. La dehesa boyal, un robledal bien conservado, el paisaje y vacas serranas que pastando en la vega componen una preciosa y bucólica imagen.

 

 

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A medio camino entre Atienza y Miedes, en el Camino del Cid (etapa 8), Alpedroches pasa desapercibido en la Sierra Norte de Guadalajara cuando tiene por qué presumir. Y no solo por la iglesia, de estilo románico rural tardío (siglo XVI) y reformada en el el XVIII, pero con sabor a pueblo auténtico (detente en los detalles).

 

Su cantera, declarada de interés nacional, proporciona la mayoría del balastro que se utiliza en el trazado del AVE y proporciona trabajo a 12 personas. D. Benito Pérez Galdós en sus “Episodios Nacionales”  cita varias veces Alpedroches y sus vecinos, los “alforjeros” , ya que se dedicaban a la confección de alforjas y capas  pastoriles que luego vendían en los mercados de la zona.

 

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Varias curiosidades de este lugar poco conocido llaman la atención. Como que sus vecinos sean llamados “monterones” quizás porque los pastores usaban montera. Aquí nacieron Isaac Romanillos (soldado que perdió la vida en el atentado contra Alfonso XIII el dia de su boda) y Fray Jorge de Romanillos (misionero en el siglo XIX en Filipinas, donde es muy recordado)

 

Su pequeño casco urbano, dividido en dos barrios separados por una enorme casona,  más parecen casas dispersas de una aldea gallega.  La plaza, los edificios rojizos de arenisca y la iglesia, románica del siglo XIII que conserva elementos originales (planta, espadaña, pila bautismal, portada, arco triunfal) y muy reformada en el XVI; en su interior un interesante retablo plateresco.

 

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Estas 2 pedanías son un buen complemento a la visita a La Miñosa y sus Cerros Volcánicos (imprescindible) y en el camino hacia Hiendelaencina y su museo de la plata (otro imprescindible). Cañamares, que de el nombre al río, presume de iglesia románica (en origen, reconstruida en el XVII) y sobre todo de su precioso puente románico.

 

Naharros debe su nombre a quienes fundaron el lugar durante la repoblación de los siglo XIII y XIV (navarros). La carretera sigue el cauce del río Cañamares , con rincones muy agradables.  Aquí pasó unos días el poeta Gerardo Diego (1926-27) y se le recuerda con una placa.

 

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Su nombre ya dice mucho de este precioso lugar, donde “el Valle de los Robles” es la estrella, un bosque donde se aprecian ejemplares centenarios con el cañón del Jaramilla al fondo. Sobre este río hubo un puente tibetano que utilizaba el cartero de Campillo camino de Corralejos; otras preciosas rutas parten de aquí (entre ella la media maratón del Ocejón).

 

Sobre esta maravilloso paisaje se funde Robleluengo, pueblo negro rodeado de huertos con sus vallas ancestrales de pizarra (hincaderas). El campo de bolos, los hornos, las casas, las calles, … y hasta la iglesia (románica en origen, solo conserva original la espadaña) pregonan y presumen de su negrura.

 

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