Leyendas

La Sierra Norte de Guadalajara está lleno de rincones, pueblos espectaculares, museos, historia, lugares, fiestas, costumbres, eventos,… que te invitamos a descubir.

La encina de arriba en Alpedrete de la Sierra (Valdepeñas de la Sierra)

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Una encina espectacular vigila Alpedrete de la Sierra por el sur, desde las alturas. Su presencia sorprende, por tamaño y soledad. Dicen que “antes el pueblo estaba rodeado por  un gran encinar donde había lobos que mataban  muchas cabras y ovejas. Los vecinos reunidos en Concejo  decidieron acabar con ellos talando las encinas.

 

A ello se pusieron, con tanto ahínco que las cortaron todas menos una, la Encina de arriba. Cuentan que la dejaron para que sirviera de testimonio vivo de  la abundancia de encinas, así  como de faro a pastores y vecinos”.  Aunque las malas lenguas dicen que se les fue la mano, la realidad es que las talas masivas en los siglos XIV y XV (para el carboneo y generar tierras de pastos) acabaron con muchos encinares.

La serpiente del Jarama (Puebla de Valles)

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El barranco del Hocino nace de pronto, como corresponde a los barrancos arcillosos de la Sierra Norte. Tras un corto recorrido muere en la vega del Jarama, entre olivos. A medio camino hay una oquedad que bien pudo ser cueva. Cuentan  que una gran serpiente vivía en ella, alimentándose de ovejas y cabras que pastaban en las cercanías.

 

Los pastores, hartos de perder ganado y tras varios fracasos para expulsar a la serpiente, prepararon una zalea (piel de oveja), la llenaron de ascuas y la acercaron a la cueva.  La serpiente se la tragó creyendo que era una oveja. Cuando sintió la quemazón en su cuerpo, salió huyendo hacia el Jarama donde desapareció para siempre.

 

Hay varias narraciones asturianas similares, pero con fuga al mar. Algún asturiano vino a Puebla de Valles en el pasado y acomodó la leyenda a esta tierra.

El ánima (Puebla de Valles)

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Cuentan que un atardecer un mozo se daba un baño en el Pozo Oscuro, una poza del Jarama. Tras nadar un rato penetró en la cueva buceando unos metros, guiado por la luz. Alucinado por el espectáculo, se le hizo de noche. Intentó regresar pero no encontró salida y se quedó hasta el amanecer. Un pastor encontró la ropa, identificó al dueño y le llamó a voces, sin respuesta; dedujo que se había ahogado y así lo comunicó al pueblo.

 

Los grupos hombres se organizaron para rastrear el río y las mujeres fueron a consolar a la familia del difunto. Con el alba, el mozo salió de la cueva pero no encontró la ropa. Desnudo, corrió a casa a donde llegó con las primeras luces y dentro se escuchaban llantos. Corrió la cortina, mientras se cubría sus partes, y atónito observó como las mujeres lloraban su muerte.

 

Cuentan que las mujeres comenzaron a chillar. La más aguerrida levantó un crucifijo gritando: “¡Vete ánima, vete!”  Acudieron los hombres y el más atrevido le dió 2 guantazos al mozo que lo tiró en el suelo. Ante la avalancha de golpes pudo gritar: “¡Soy yo! ¡Estoy vivo!” . Dicen que la entrada a la cueva fue tapiada y que al callejón detrás de la iglesia se llama “callejón de las ánimas” en memoria de este  hecho.

(del libro “Puebla de Valles”  publicado por AACHE ediciones)

El roble hueco (Campillo de Ranas)

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De este grandioso ejemplar de Quercus Pyrenaica (3,60 mts de perímetro y 17 mts de altura) se desconoce su edad, aunque debe ser mucha. A pesar de que el tronco está totalmente hueco, presenta buen aspecto y produce cantidad de bellotas de buen tamaño.

 

Cuentan que, antaño las madres metían la cabeza de sus hijos recién nacidos en el hueco del árbol para que la fuerza de la Tierra penetrara en él y le protegiera de todo mal. Así fue durante generaciones hasta que la despoblación de los años 60´s acabó con la tradición. Dicen que desde entonces la oquedad se cierra cada año un poco más.

(Aportada por Alicia, de “Al Viento del Ocejón”)

El Cristo de la disputa (entre Pinilla y Toremocha de Jadraque)

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Estos dos pueblos vecinos eran conocidos por el apellido “de las monjas” antes de que lo cambiasen por “de Jadraque”, porque en ambos lugares hubo convento, siendo Torremocha dependiente del cenobio de Pinilla.

 

Dicen que la abadesa de Pinilla ordenó el traslado del Cristo del cenobio de Torremocha a su convento. Así se hizo y un torremochano, indignado por el hecho, entró de noche en el monasterio de Pinilla, cargó sobre sus espaldas el Cristo (más de 100 kgs) y lo devolvió a su lugar.

 

Cuentan que tras el suceso, se reunieron religiosas y vecinos  para buscar una solución aceptada por todos. Dicen que acordaron que el Cristo quedara en Torremocha, pero debían compensar a Pinilla con un verraco. Dicen que desde entonces a los de Torremocha se les conoce como “robacristos”  y a los de Pinilla como “verraquetes”

Las lágrimas de la mora del Altorey (Bustares)

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Cuentan que en la “cueva del aceite” vivía una joven mora que cada noche bajaba a beber a la Fuentetablá (fuente situada en la cara sur del Altorey). En verano acudían los cabreros con sus rebaños y entre ellos destacaba un joven pastor, del que la mora se enamoró  y fue correspondida. Un viejo y rico pastor, que se decía brujo, la requeríió de amores sin éxito.

 

Una noche, cuando la moza bajaba a la fuente, el ricachón intentó violarla. La chica se defendió y pidió auxilio, acudiendo en su ayuda el joven que ahuyentó al agresor.  Despechado y temeroso de que contase su delito, el brujo subió de madrugada a la cueva y maldijo a la joven mientras dormía, convirtiéndola en roca que pegó al techo para que nadie tocase su cuerpo.

 

Dicen que desde  entonces la mora llora su pena por el amado y sus lágrimas caen del techo en forma de gotas de agua, que según dicen, saben a sal.  Cuentan que la noche de San Juan en el techo de la cueva se ve reflejada la imagen de la mora dormida. Y dicen quienes han entrado en esa  noche que tuvieron la sensación de no estar solos. 

Leyendas de San Juan

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La manzanilla silvestre se recoge la mañana de San Juan para que conserve sus poderes curativos. En Prádena de Atienza se dice que “si en la mañana de San Juan  te lavas la cara con agua  fresca del río Pelagallinas antes del amanecer, no tendrás sueño durante todo el año” (hay leyendas parecidas en el País Vasco).

 

Las mozas casaderas de la Sierra del Altorey acudían a la Fuentetablá al amanecer del día de San Juan para conocer la cara de su futuro marido. Con los primeros rayos de sol, y metiendo las manos en el agua, aparecía reflejada la imagen del novio.

 

En algunos pueblos sureños “la mañana del 24 junio  los Juanes del pueblo acudían al olivar con los niños nacidos en el año y la familia. Un Juan  pasaba el chiquillo por entre el hueco  del olivo, siendo recibido por otro Juan, mientras musitaba unas misteriosas palabras. Así el niño recibía la protección del Santo.

Tesoros escondidos

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Dicen que el origen de la ermita del Altorey es Templario. Los caballeros enterraron sus riquezas (el tesoro de San Juan), en la base de un risco cuyo lugar es indicado por los primeros rayos de sol del solsticio de verano. Cuentan que “en el interior del Altorey  hay enterrado varios tesoros (un caldero de monedas, un becerro de oro, un campanilo,…) que depositaron allí los monjes ante la llegada de los árabes”.

Dicen que una cadena de oro une Lomogordo (Tortuero) con Peñalbilla (Puebla de Valles) por debajo del rio Jarama y que se comunicaban por un túnel. Esta coplilla la cantaban los niños de ambos pueblos

Desde Peñalbilla hasta Lomogordo

había tres tinajitas de oro

que allí escondió un rey moro.

A los pies de Peñalbilla está la besana “Pan Blando” que está más baja de lo que le correspondería por situación, dicen que por las excavaciones en busca del tesoro.

Tesoros perdidos de la Sierra Norte

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El frente de la Guerra (in)Civil durante 2 años estuvo aquí. Los pueblos próximos fueron evacuados (Beleña de Sorbe, Tamajón,…) y los de retaguardia ( Valdepeñas de la Sierra, Puebla de Valles, …) fueron centro de descanso de los combatientes republicanos y donde abundaba el dinero.  Al finalizar la guerra este dinero no solo perdió su valor sino que comprometía a su dueño.

 

Por eso y por lo incierto del futuro, los billetes de cincuenta y cien pesetas, enrollados y en recipientes de metal y/o vidrio se escondieron entre la retama del  tejado de la casa, donde ha permanecido décadas. Algunos aparecieron al derribar la casa para construir una nueva (y siguen apareciendo), pero no se comentó en público hasta la llegada de la democracia. Son los tesoros perdidos de la Sierra Norte.

Moros y cristianos

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Durante siglo y medio (desde  la Reconquista hasta Las Navas de Tolosa)  la Sierra Norte fue tierra de frontera  (Xarama en lengua bereber); las escaramuzas entre musulmanes y cristianos eran frecuentes. Cuentan que tras la incursión de los cristianos en tierras ocupadas,  fueron perseguidos y diezmados, encontrando refugio en el Altorey. Allí un cabrero les sugirió una estrategia para vencer:

 

“Atad un farol a los cuernos de cada cabra  y en lo más profundo de la noche, empujar a los animales montaña abajo, hacia donde esta el ejército enemigo”.

 

Dicen que así lo hicieron y los musulmanes huyeron aterrados; era  tal número de faroles que imaginaron que un gran ejército les atacaba en la oscuridad.  Cuentan que confundieron cabra con caballo, creyendo que cada farol correspondía a un caballero. Así fue como un ejercito de cabras venció al infiel.

Las cadenas de Las Navas de Tolosa

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Las milicias de Atienza estuvieron en la batalla de las Navas de Tolosa (año 1.212) bajo el pendón del Arzobispo de Toledo. Tras la victoria, el arzobispo se llevo unas cadenas que protegían al rey musulmán y regaló un trozo a los milicos de Atienza por su bravura, que estos depositaron en la ermita del Altorey.

 

Dicen que la ermita tenía unas hermosas rejas de hierro forjado y sus puertas siempre estaban abiertas. Cuentan  que, como siempre hubo escasez de hierro (imprescindible para hacer rejas de arado y herramientas),  un día los herreros de … (en cada lugar ponen el pueblo vecino con el que están enemistado) … subieron con unas mulas, arrancaron las rejas  y se las llevaron a su fragua. Así solucionaron su problema, ya que  el santo no necesitaba las cadenas.

La cueva del aceite

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Está situada muy cerca de la cumbre del Altorey y de ella manaba aguaCuentan que, antiguamente manaba aceite del techo de la cueva, en cantidad suficiente para que la lámpara, situada al lado del Cristo en la ermita, estuviera encendida siempre.

 

Un día un cabrero pasó a recoger el aceite, pero en realidad buscaba agua porque estaba sediento y así se lo pidió al Cristo. Desde entonces del techo de la cueva mana agua en vez de aceite.  Una variante de esta leyenda, cambia cabrero por ermitaño y sed por hambre, ya que cogió un mendrugo de pan duro y lo mojó en el aceite para saciar su apetito. Cuando lo acabó, sintió sed y pidió agua al Cristo.

Los tres hermanos

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Dicen que hace mucho tiempo había una familia con tres hijos que estaban siempre de trifulca. Cualquier motivo era bueno para que siempre se estuvieran pegando y/o gritando entre ellos. El padre, cansado de aguantar sus broncas, decidió darles un castigo ejemplar y los separó para siempre. Así surgieron los picos Ocejón, Moncayo y Altorey, que pueden verse, pero no se pueden tocar.

 

Algunos dicen que las tres caras grabadas en la clave del arco triunfal de la ermita, guardan entre sí la misma proporción de distancia y posición que las cimas de los picos de la leyenda. Lo cierto es que en días claros, desde una cumbre se ven las otras dos.

El bandolero Santamera

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No se sabe la época en que actuaba, solo sabemos que se echó al monte en La Mierla, donde perdura la leyenda. A los niños les asustan con si no te portes bien te va a llevar Santamera” y  les regañan con ”eres más malo que Santamera”.

 

Dicen que operaba en el camino de las Encinas y desaparecía con rapidez tras los asaltos, quizás porque tenía cerca su guarida, una cueva que por el tamaño de su entrada  más parece una conejera. Esto dificultó su captura por los migueletes, que localizaron la cueva y se apostaron en la puerta hasta apresarle a la salida.

 

Cuentan que en cierta ocasión atracó a un cura (¡la bolsa o la vida!) que no solo le negó la bolsa, sino que le recriminó su comportamiento y le invitó a volver al buen camino.  Además le contó sus muchas penurias y lo difícil que era ejercer su ministerio. Tanto le lloró que Santamera le perdonó la bolsa, la vida,… y hasta le dio un duro de plata.

Las lágrimas de una reina (Beleña de Sorbe-Cogolludo)

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Junto a la fuente medieval de Doña Urraca, las aguas del Sorbe tienen la propiedad de colorear las piedrecillas del fondo; si se sacan del agua, poco a poco pierden el color. Son las lágrimas de la reina Doña Urraca.

“Cuentan que la reina acompañada de sus  doncellas, bajaba a diario a la fuente a tomar un baño. Una mañana, la dueña observó las ondas que generaba el cuerpo de la Señora en el agua, e interpretó que se vería envuelta en una guerra fraticida. Así lo comunicó a la reina, que lanzó un grito de dolor, mientras de sus ojos resbalaron lágrimas que al caer al agua, convirtieron las piedrecillas del fondo  en rubíes.

Asi el fondo quedó para siempre tapizado de piedras de mil colores.  Poco después la profecía se cumplió en el sitio de  Zamora, pero Doña Urraca ya estaba prevenida”

(Aportado por As. Cultural Amigos de Beleña de Sorbe, nº 3 de “La Urraca” )

El tesoro del Monasterio de Bonaval (Retiendas)

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El último prior culminó su mandato en 1.835, cuando pasó a manos privadas. Personaje peculiar, presentó las últimas cuentas por importe muy superior al habitual y obtuvo de la reina una asignación anual (para asegurarse el futuro). Siguió viviendo en Retiendas durante al menos un año y aquí murió.

 

Cuentan que el prior conservaba cálices, patenas, vinajeras, …, el llamado tesoro de Bonaval y que pidió ser enterrado con él. Unos dicen que lo fue en la capilla de los abades (la más meridional) y otros que en el cementerio de los frailes.

 

A finales del siglo XIX, algunos propietarios, cegados por la leyenda, abrieron las tumbas de la capilla en busca del tesoro y solo aparecieron huesos. En los 60´s, alguien de Madrid abrió las tumbas del cementerio de los frailes pero solo encontraron restos.  El tesoro nunca apareció, quizás porque nunca existió.

El guarda del Monasterio de Bonaval (Retiendas)

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Tras los destrozos en el Monasterio en busca del tesoro a finales del siglo XIX, continuo su deterioro, desapareciendo tejas, maderas, sillares, capiteles, … Para frenarlo se decidió poner un vigilante, siendo elegido un hombre de profundas convicciones religiosas.

 

Cuentan que el guarda, impactado por la profanación de las tumbas, cogió una maza y demolió el altar mayor. Dicen que con paciencia franciscana  fue convirtiendo los trozos mayores en pequeñas piedrecillas. Cada tarde se sentaba en la piedra central del puente de Bonaval con una cesta de ellas  y luego, una a una las tiraba al Jarama donde eran arrastrados por la corriente.

 

A finales de los años 30´s, el guarda se marchó, sin explicar su extraño comportamiento. El deterioro del monasterio se fue acelerando hasta ahora, que esta en proceso de restauración.

La ermita de los Enebrales (Tamajón)

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Esta ermita del siglo XVI está rodeada de sabinas y enebros que le dan nombre, al templo  y a su virgen, Nuestra Señora de los Enebrales (“la Serrana, patrona de la comarca”). Su origen es mágico: dicen que “un cura fue atacado por una serpiente, y salvado por la luz cegadora de la Virgen, que apareció sobre un enebro en llamas. Justo donde está la ermita”. Un fresco interior recuerda la escena.

 

Otra leyenda cuenta que “unos ladrones robaron las joyas de la Virgen y luego se sentaron a repartir el botín bajo una enorme roca, que se desprendió y aplastó a los bandidos, dejando intacto el tesoro”. Quizás por eso siempre permanece abierta (y cerrada por una cancela), para proteger a los caminantes.

El tesoro de Tamajón

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El frente de la guerra (in)civil estuvo situado en el río Sorbe: en la margen derecha los republicanos, y en la izquierda los nacionales. Tamajón fue bombardeado por la artillería desde la Torrecilla de Jócar. Los vecinos se refugiaron en las cuevas de la ciudad encantada y allí permanecieron 3 días; los hombres bajaban de noche al pueblo por víveres.

 

Dicen que “familias de posibles, asustadas, llevaron consigo las joyas de la familia y los ahorros, monedas de plata (duros) y oro (ducados). Cuentan que tras ver los destrozos en el pueblo, y sintiéndose inseguras, algunas optaron por esconder su pequeño tesoro en huecos ocultos en la caliza. Dicen que la mayoría, antes de ser evacuados, pudo rescatar sus joyas pero hubo quién no tuvo la oportunidad.  Aún siguen allí y forman el llamado tesoro de Tamajón”.

Venenos que matan un pueblo (Despoblados)

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A partir del siglo XIV y hasta finales del XIX, se produjo el abandono de numerosos lugares  en la Sierra Norte (> 50), llamados Despoblados. Entre las posibles razones: epidemias de peste, el avance de la Reconquista que ofrecía mejores condiciones a los colonos en las nuevas tierras, el auge de La Mesta creó poblados de temporada que luego se abandonaban, agotamiento de recursos, …

 

Como un despoblado en la vecindad era un desprestigio, la tradición creó leyendas para explicar su origen. Similares, aunque estén a 80 kms de distancia: “el pueblo desapareció tras una boda, a la que estuvo invitado todo el mundo menos una vieja (bruja). Resentida, envenenó el vino del banquete metiendo una salamanquesa en la tinaja y todos murieron, desapareciendo el poblado para siempre”.

 

Algunas variantes cambian “vieja por pastor”, “bruja por enamorado”, otras “tinaja por caldero”  e incluso “vino por chocolate”. Otras intercambian “salamanquesa por planta venenosa”  y  “casualidad por intencionalidad”. Se pueden combinar a capricho y seguro que es aplicable en algún despoblado.

 

Otra leyenda cuenta que “de pronto apareció una plaga de hormigas gigantes y muy voraces que lo devoraban todo, incluido ganado y madera, por lo que tuvieron que marcharse para siempre. Las hormigas desaparecieron con las misma velocidad y sin explicación alguna”.

Canrayado, un despoblado de Puebla de Valles

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Ubicado en la meseta del Llanillo, aún son visibles los cimientos de casas y corrales que dibujan el trazado de las calles. El camino va entre dos filas de gorrones y la fuente con abrevadero sigue activa (ambos son elementos típicos de pueblos ganaderos). La pila bautismal (románica) de la iglesia está en Matarrubia.

 

La leyenda, recogida en 1.968 por el etnógrafo Sinforiano García Sanz cuenta que “Canrayao fue abandonado por envenenamiento de los invitados a una boda, ejecutado por un pastor enamorado de la novia que puso salamanquesas en la comida”

 

Y se adorna con elementos mágicos que hacen especial esta leyenda: el pastor cogió el cadáver de su amada en brazos y juntos se arrojaron a un pozo, … la campana de la iglesia tocó a muerto de forma continua hasta que ambos recibieron sepultura juntos, … mientras la espadaña estuvo en pié (años 30) la campana tocaba a duelo cada  2 de noviembre en su honor, … 

La leyenda de La Mierla

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En las Relaciones de Felipe II (año 1.580), dos vecinos declaraban que  oieron decir á sus maiores queste dicho lugar fue destruido por una pestilencia, y que después fue fundado  de segunda fundacion, habrá 160 años, más o menos …” 

 

La tradición afirma que “la refundación de La Mierla (hacia 1.420)  se hizo a 500  mts del pueblo viejo, en una besana, “Los Majanos”, a 200 mts de la fuente medieval, conocida como La romana, que hoy está a mitad de camino hacia el pueblo. Algunos hechos y datos comprobables hacen creíble esta leyenda:

 

Como la peste infestaba personas, ganado, y tierras, la re-fundación del pueblo no se hacía en el mismo lugar; que sea tan cercano puede deberse al poco tiempo transcurrido (70 años) y la abundancia de agua (Los Majanos está entre dos arroyos, uno fluye siempre y alimenta la fuente que quedaría dentro del pueblo viejo). La procesión del patrón llega justo hasta la Cruz de San Roque, frente a Los Majanos donde antaño hubo un crucero (aún se ve el pedestal).

Cristóbal Colón en la Sierra Norte

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Cuentan que Colón era muy amigo del I Duque de Medinaceli, que le visitó varias veces en Cogolludo, y que el Duque le homenajeó colocando una mazorca de maiz  encima de la portada del Palacio, siendo el primer elemento del nuevo mundo (año 1.503) que figura en un monumento europeo.

 

La tradición de Arbancón dice que Cristóbal Colón, viniendo desde Torrelaguna a Cogolludo, se sintió cansado del camino y paró en este pueblo, donde fue obsequiado con “cabrito asado a los siete gustos”. Hay hechos documentados que dan cierta credibilidad a estas leyendas: el I Duque (sobrino del Cardenal Mendoza)  apoyó a Colón en su primer viaje;

 

En una carta a su tío (marzo 1.493) el Duque afirma que Colón vivió en su casa 2 años y que le convenció para que ofreciese sus servicios a Isabel la Católica, en vez del rey de Francia. Por ello solicita que le dejen enviar en los siguientes viajes del Almirante algunas carabelas suyas.

La moza y la culebra

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Cuentan que una pastorcilla sufría fuertes dolores de tripa, que solo se calmaban cuando comía. La joven fue engordando como si estuviera preñada, a pesar de que nunca fue con hombres. Siendo huérfana y ¡por el que dirán! optó por refugiarse en el monte y no bajar al pueblo.

 

Dicen que la cabrera coincidió con ella en la fuente. Cuando la chica le contó los síntomas y que nunca estuvo con hombres, la mujer decidió ayudarla. Vio un rastro junto al venero y supo qué había que hacer. Ordeñó una cabra y vertió la leche en un cuenco, indicando a la joven que se pusiera de rodillas y abriera la boca. Le acercó el cuenco y al instante salió una culebra, atraída por el olor de la leche caliente.

 

Cuentan que la mujer la atrapó y acabó con ella.  Luego le explicó que las culebras ponen huevos en la fuente y que al beber agua, alguno habría acabado en su estómago. Allí eclosionó y la bicha se desarrolló alimentándose de lo que la joven comía.

La fábrica de vidrio de Tamajón

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Abandonada en 1.863, su vida se prolongó con un suceso en el que se mezclan historia y leyenda. A finales del siglo XIX abundaron los talleres de falsificación de duros de plata (los llamados duros sevillanos) que daban  grandes beneficios. Dicen que uno estuvo situado en la fábrica de vidrio. Al principio compraban el metal, fabricando duros de plata pura y de gran perfección, pero el beneficio no llegaba al 40%  y eso sin contar la mano de obra.

 

Cuentan que decidieron comprar el mineral (que se perdía en las minas), obtener ellos mismo el metal y bajar la proporción de plata… hasta los hicieron de plomo con una capa de plata. La rentabilidad subió, pero aumentaron los riesgos. Los propietarios de las minas detectaron la pérdida de mineral y la “pureza y calidad de los duros” (sin desgaste por el uso) levantaron sospechas.

 

Dicen que las autoridades descubrieron el taller y detuvieron a los falsificadores. Ese fue el triste final de la fábrica de vidrio.¿Historia o leyenda?